
Durante los últimos días de mayo y los primeros de junio Madrid disfruta de la lectura a niveles que nunca veríamos en ningún otro lugar de España. En esta Feria del Libro, con más de 300 casetas donde lectores, libreros y autores se juntan para conocerse, compartir historias y saber de las novedades literarias.
Pero al fin y al cabo, esto de puertas para fuera es muy bonito, y la verdad es que cuando vas como lector y autor si lo es. El problema en esta ecuación es la realidad de esas compras. Y es que paseando este fin de semana por Paseo de Carros en el Retiro y fijándome de las librerías me he dado cuenta de varias cosas.
La primera de ellas es que las librerías verdaderamente pequeñas es muy difícil que puedan verse entre esas casetas, ya que pueden significar un gran coste para lo que luego alomejor pueden ganar. Porque se sabe que la mayoría de personas que compran es porque tienen al autor delante para poder conocerles. Y si no tienes a un autor un poco conocido la gente no se acerca.
La segunda cosa es el momento donde la gente compra cantidades ingentes de libros es desproporcionada a la que compra el resto de año, lo que hace, de nuevo, que las librerías pequeñas sean las mayores perjudicadas en esta situación. Dando a lugar que, si bien consiguen vender los 2000€ – 2500€ para obtener algo de beneficio (ya que el precio está oscilando entre los 1400 y 1900 euros por caseta, sumándole un incremento de más de 100 euros les toca en una esquina), el resto del año, esos lectores que compraron 10 o 20 libros en toda la feria, no vayan a comprar de manera más ocasional.
La tercera, y creo que última cosa, que he reconocido, es que no permiten poner expositores a las librerías de segunda mano o de ocasión, así lo expresa el reglamento de la Feria del Libro. Y antes de que salte algún listillo diciendo que ya hay una Feria del Libro de Segunda Mano y de Ocasión, decir que, este autor no lo ha conocido hasta el momento de realizar este artículo de opinión, y que solo hubieron 38 casetas en el paseo de Recoletos. Así que hay otra parte de libreros que se ve afectada por el evento.

Y todo esto lo digo a sabiendas ya que en mi tiempo libre he estado colaborando con una librería en mi ciudad -un besito para Raíces del Tiempo- y he visto como la dejadez de la lectura o de los lectores por ir a una librería (en este caso de segunda mano) ha ido consumiendo las ganas y los ahorros hasta poner el cartel de liquidación por cierre. Que ya en oro momento hablaré de, como lo llama Miriam, la dueña de Raíces del Tiempo, el fenómeno de la sangre de toro.
Así que, para mi, las ferias del Libro no son más que una manera de que ganen las grandes multinacionales, que, entre poder poner una caseta de 4 metros en la Feria y que normalmente tienen más facilidades para conseguir autores conocidos, hacen que las librerías de barrio tengan que cerrar.





