La ilustradora y creadora de contenido publica Cómo ser un ser casi funcional, un cómic en el que aborda con humor las dificultades de la vida adulta, las amistades, la productividad y la incertidumbre de una generación que trata de encontrar su lugar.
Nota de la redacción: Esta entrevista, realizada con motivo de la publicación de Cómo ser un ser casi funcional, se vuelve a publicar debido a la incidencia técnica que provocó la pérdida de contenidos de la anterior web de la revista.
Pasar de la adolescencia a la vida adulta nunca ha sido sencillo, pero hacerlo en una época marcada por la inmediatez, la presión por ser productivos y las dificultades para independizarse añade nuevos retos a la ecuación. La ilustradora y creadora de contenido María ha convertido esas inquietudes generacionales en el eje de Cómo ser un ser casi funcional, un cómic donde combina humor, experiencias personales y mucha honestidad para retratar las contradicciones de una generación que intenta encontrar su lugar. Hablamos con ella sobre el éxito del libro, el proceso creativo detrás de sus páginas y las dificultades de construir una carrera artística en un mundo que parece exigir resultados constantes. Esta entrevista fue realizada con motivo de la publicación de la obra y se republica ahora debido a los problemas técnicos que afectaron a la anterior página web de la revista, donde apareció originalmente.

¿Cómo está siendo la acogida del libro?
La verdad es que está siendo una experiencia muy divertida. Vengo del mundo de los vídeos, donde toda la interacción ocurre dentro del móvil, pero ahora el cómic está en librerías, la gente lo compra, asiste a presentaciones y charlas. Poder interactuar de esa forma con los lectores está siendo muy especial.
¿Esperabas una recepción así?
Un poco sí, no voy a mentir. Viendo la respuesta que tienen mis vídeos, donde la gente siempre está pendiente del siguiente contenido, imaginaba que cualquier proyecto que sacara iba a generar interés.
¿Cuándo te diste cuenta de que la ilustración podía convertirse en una profesión?
Cuando tuve la oportunidad de hacer mi primera campaña publicitaria para redes sociales. Siempre había querido vivir de la ilustración, porque para eso la estaba estudiando, pero hasta que no llega una oportunidad real no terminas de verlo posible. Ahí fue cuando me planteé dejar otros trabajos para dedicarme plenamente a ello.
¿Cómo nació la idea del libro?
Mi editor, Marco, me escribió en febrero para preguntarme si quería hacer un cómic con Penguin. Le dije que sí prácticamente al instante. Me propuso contar la transición entre ser un joven despreocupado y enfrentarse a la vida adulta, con todos los problemas que eso implica. Además, encajaba muy bien con el tono de mis vídeos, donde suelo hablar de experiencias personales desde el humor.
Uno de los grandes enemigos del libro es Hacienda…
Sí, tenía que estar (ríe).
¿Cómo elegisteis el título?
Fue una decisión compartida entre mi editor y yo. Ninguno terminaba de convencerse con las propuestas del otro, así que acabamos encontrando un punto intermedio. Creo que representa bien el contenido. Aunque parece que va a ser una guía para convertirse en una persona funcional, en realidad es una sucesión de crisis y dramas cotidianos.
¿Cómo decidiste qué temas debían aparecer en el cómic?
Tenía una lista inicial de asuntos que quería tratar, pero muchas decisiones surgieron durante la escritura. Cuando llegaba a un capítulo pensaba qué experiencia de mi vida podía desarrollar mejor. Hay temas como las amistades, los cambios personales o las relaciones que creo que mucha gente comparte, y por eso quise profundizar en ellos.
¿Te sorprendió el proceso de pasar de los vídeos a una narrativa larga?
Bastante. De repente tienes 120 páginas vacías y nadie te dice cómo organizarlas. Era la primera vez que hacía un cómic tan extenso. Para hacerlo más manejable lo dividí en doce capítulos de unas diez páginas cada uno. De alguna forma, traté cada capítulo como si fuera un vídeo: una idea principal, un tema concreto y una historia autoconclusiva.
¿Qué emoción te gustaría que predominara en quienes lean el libro?
Me gustaría que la gente se viera reflejada. Quería que fuese como reencontrarte con una amiga a la que hace mucho tiempo que no ves y que, de repente, te cuenta todo lo que le ha pasado. Esa sensación de cercanía e identificación era muy importante para mí.
En el libro hablas de la presión por ser productivos. ¿Crees que vivimos en una cultura que exige ser funcional constantemente?
Sí. No sé si es una exigencia explícita o algo que hemos asumido viendo cómo funciona nuestro entorno, pero parece que siempre tenemos que estar produciendo. Cuando te tomas un descanso te sientes culpable. Es algo que me pasa a mí y también a muchas personas con las que hablo. Todo es tan inmediato que parece que, si no haces algo en el momento, pierdes la oportunidad.
¿Cómo fue compatibilizar la creación de contenido con la realización del cómic?
Muy complicado. Me encargaron el libro en febrero y tenía que entregarlo en septiembre. Pensé que podría avanzar poco a poco mientras seguía haciendo vídeos, pero no fue posible. Continué con las redes hasta junio y entonces decidí parar completamente para centrarme en el cómic. Estuve prácticamente dos meses trabajando en él todos los días.
¿Qué surge primero en tu proceso creativo: la imagen o la frase?
La frase, sin duda. Primero pienso qué quiero decir y después busco la forma de representarlo visualmente.
¿La María de hace unos años imaginaba este camino?
Para nada. Seguramente pensaba que a estas alturas estaría diseñando edificios o trabajando en algo relacionado con la arquitectura. Nunca habría imaginado que acabaría dedicándome a esto.
En el libro también hablas de las dificultades para independizarse. ¿Has conseguido dar ese paso?
No, y tampoco creo que ocurra a corto plazo. Cuando hablaba de este tema con mi editor le decía que me daba incluso cierta sensación de impostora porque sigo viviendo con mis padres. Me gustaría independizarme en unos años, pero viendo la situación actual no parece algo sencillo. De todos modos, estoy muy bien en casa y tampoco lo vivo como un drama.
Tus historias suelen partir de experiencias personales. ¿Cuánto hay de realidad en ellas?
Prácticamente todo. Si alguna vez modifico algo es para proteger identidades concretas, pero las experiencias que cuento son reales y me han ocurrido a mí.
¿Te preocupaba que algunas personas pudieran verse demasiado reflejadas?
No especialmente. Al final todos compartimos problemas y experiencias similares. Lo que sí me generaba algo de nervios era que personas que me conocen pudieran identificar a quienes aparecen mencionados en determinadas historias.
¿Qué mensajes has recibido tras la publicación?
Muchos lectores me han dicho que se han sentido identificados y que les ha ayudado ver ciertas experiencias contadas con humor. Especialmente en temas relacionados con amistades o etapas difíciles, algunas personas me han comentado que el cómic les ha servido para cerrar capítulos de su vida.
¿Crear también funciona como una forma de terapia?
No estoy segura. Creo que suelo hablar de cosas que ya tengo superadas. Si estuviera atravesando una situación complicada en ese momento, probablemente no sería capaz de contarla. Quizá dentro de unos años sí, pero no mientras la estoy viviendo.
Para terminar, ¿qué le dirías a alguien que quiere dedicarse a la ilustración?
Que lo intente. Es un mundo complicado y hace falta trabajo, constancia y también algo de suerte, pero si es lo que te gusta merece la pena perseguirlo. La vida es muy larga para pasarla haciendo algo que no te motiva. Habrá momentos en los que necesites compaginarlo con otros trabajos, pero siempre recomiendo intentar construir la vida que realmente quieres.





