Adriana Hest: «El fascismo no va a ganar la discusión, pero no podemos permitir que siga normalizándose»

Mientras lees el post, escucha la canción del mes:

Nota de la redacción: La entrevista que se reproduce a continuación fue realizada meses atrás con motivo de la publicación del primer libro de Adriana Hest. Debido a los problemas técnicos y la posterior migración de contenidos provocados por el cierre de nuestra anterior página web, la conversación no pudo mantenerse accesible para los lectores. Por su interés y vigencia, recuperamos ahora íntegramente esta entrevista para nuestra nueva edición digital.

La escritora y divulgadora política publica su primer libro, un ensayo que desmonta medio centenar de bulos utilizados por la ultraderecha. En esta entrevista reflexiona sobre el auge de los discursos de odio, el antifeminismo entre los jóvenes, la desinformación y el papel de la ciudadanía en la defensa de la democracia.

Acabas de publicar tu primer libro. ¿Cómo estás viviendo esta recepción?

Con mucha ilusión, pero también de una forma bastante abrumadora. Es mi primer libro y estoy todavía acostumbrándome a todo esto: las entrevistas, la repercusión, que la gente te escriba para comentarte lo que piensa… Está siendo una experiencia muy intensa, aunque muy positiva.

¿En qué momento sentiste que ya no era suficiente debatir en redes sociales y que necesitabas escribir este libro?

Desde que empecé en redes tenía esa necesidad. Las redes sociales tienen una capacidad enorme para llegar a mucha gente, pero también funcionan como una cámara de eco. Muchas veces tus mensajes llegan principalmente a quienes ya te siguen.

Sentía que era necesario trasladar todo ese trabajo a un formato más sólido y duradero. El libro me permitía reunir datos, desarrollar argumentos y llegar a personas a las que probablemente nunca alcanzaría mediante un vídeo o una publicación.

¿Hubo algún bulo o narrativa concreta que te empujara a dar ese paso?

Más que un caso concreto, fue un cúmulo de situaciones. Sobre todo me impactaron los discursos relacionados con la migración y el feminismo.

Empecé en redes haciendo contenidos completamente distintos, pero observaba constantemente comentarios cargados de desinformación y odio. Esa fue la chispa. Sentí la necesidad de responder a argumentos que muchas veces no se apoyaban en hechos, sino en prejuicios y falacias.

¿Te ha sorprendido la velocidad con la que han ido avanzando estos discursos?

Sí y no. He estudiado mucho el fascismo y la extrema derecha durante mi formación académica, y cuando empezó a crecer este fenómeno en España muchos politólogos advertimos de lo que podía ocurrir.

La gente tendía a tomárselo a broma porque estos movimientos nunca comienzan mostrando su versión más extrema. Siempre empiezan con discursos aparentemente moderados y poco a poco van aumentando el nivel de radicalización.

Por eso no me sorprende que determinadas narrativas hayan conseguido instalarse. Es algo que la historia ya nos ha enseñado en distintas ocasiones.

En la sinopsis del libro afirmas que «el fascismo no va a ganar la discusión». ¿Mantienes esa convicción?

Sí. Creo que la ultraderecha va a seguir teniendo influencia política durante años. Es posible que continúe creciendo electoralmente e incluso gobernando en distintos lugares, como ya ocurre en varios países.

Sin embargo, a largo plazo no creo que estas ideas puedan sostenerse indefinidamente. Son discursos basados en el odio y la exclusión, y terminan degradándose a sí mismos.

Lo importante es que la sociedad consiga reaccionar antes de que sus consecuencias sean más profundas.

¿Por qué crees que la ultraderecha está logrando conectar con tantos sectores de la población?

Porque ha sabido aprovechar muy bien las crisis que vivimos. La vivienda, la precariedad laboral, la desconfianza institucional o las consecuencias de distintas situaciones de emergencia son elementos que utilizan políticamente con mucha eficacia.

Construyen un relato sencillo para explicar problemas tremendamente complejos. Señalan enemigos concretos, especialmente la población migrante, y presentan respuestas simples que resultan emocionalmente atractivas, aunque no sean reales.

En el libro también abordas el feminismo y los derechos LGTBI. ¿Cómo explicas el auge del antifeminismo entre algunos jóvenes?

Existe un contexto de frustración generacional muy importante. Somos una generación que ha estudiado mucho, que encuentra enormes dificultades para acceder a una vivienda y que percibe que el futuro es más complicado de lo que se le prometió.

La ultraderecha ha aprovechado esa situación para presentar el feminismo como una amenaza. Además, los cambios sociales siempre generan reacciones. Cuando determinados privilegios se cuestionan, surgen sectores que intentan defenderlos.

A eso se suma que muchos jóvenes se informan principalmente a través de redes sociales, donde estos discursos encuentran una enorme capacidad de difusión.

¿Definirías tu libro como un desmontaje de bulos o como un manual de resistencia democrática?

Creo que es ambas cosas.

Los bulos no son simples anécdotas o informaciones falsas aisladas. Forman parte de una narrativa política más amplia que está contribuyendo a deteriorar la calidad democrática en muchos países.

Por eso el libro pretende desmontar esas falsedades, pero también ofrecer herramientas para defender valores democráticos básicos y derechos humanos que deberían formar parte de un consenso común.

¿Cómo seleccionaste los cincuenta argumentos que aparecen en el libro?

Fue sorprendentemente fácil. Cuando la editorial me pidió una lista inicial, apenas tardé unos minutos en escribirla.

De hecho, salieron más de cincuenta. Eso demuestra hasta qué punto nos hemos acostumbrado a convivir con la desinformación y a escuchar determinados argumentos una y otra vez.

La ultraderecha contra la verdad: 50 argumentos políticos para vencer el  odio (GROU) : Hest, Adriana: Amazon.es: Libros

¿Por qué crees que actualmente pesa más la emoción que los datos en el debate público?

Porque muchas personas sienten que la política no está resolviendo sus problemas reales. Cuando eso ocurre, las emociones ocupan ese espacio.

Los discursos basados en el odio ofrecen respuestas rápidas y comprensibles a situaciones complejas. Es mucho más sencillo aceptar una explicación simple que enfrentarse a análisis económicos, sociales o políticos que requieren más profundidad.

A pesar de convivir con personas migrantes en el trabajo, en los barrios o en el ámbito educativo, los discursos xenófobos siguen creciendo. ¿Cómo lo explicas?

Lo que me resulta más preocupante es la capacidad que han tenido estos discursos para deshumanizar a determinadas personas.

Vivimos en una sociedad diversa y globalizada. La migración siempre ha formado parte de nuestras comunidades. Sin embargo, determinados relatos presentan a los migrantes como una amenaza constante.

Cuando se consigue que una parte de la sociedad deje de ver a esas personas como iguales, la empatía desaparece y el rechazo resulta mucho más fácil de justificar.

¿Qué opinas de que actualmente existan tantos libros que respaldan las tesis de la ultraderecha?

Es un reflejo del momento político y social que estamos viviendo.

Hace poco revisé los libros más vendidos y me sorprendió mucho el nivel de algunos de esos discursos. Pero, al mismo tiempo, es una representación bastante fiel de las preocupaciones y tendencias actuales de la sociedad.

¿A quién va dirigido este libro?

A cualquier persona comprometida con los valores democráticos.

No está pensado exclusivamente para lectores de izquierdas. Me gustaría que pudiera ser útil para cualquiera que valore los derechos humanos, la convivencia y el pluralismo.

Sobre todo quería proporcionar datos y argumentos, pero también despertar una cierta indignación que impulse a actuar.

¿Qué te gustaría que ocurriera cuando alguien termine de leerlo?

Me gustaría que sintiera ganas de hacer algo.

Mientras escribía el libro me di cuenta de lo sencillo que resultaba desmontar muchas de estas afirmaciones utilizando datos, investigaciones y evidencias. Esa sensación genera cierta rabia, porque demuestra hasta qué punto algunos discursos se sostienen sobre falsedades.

Ojalá esa indignación se transforme en participación y compromiso.

Si el lector tuviera que quedarse con una sola idea del libro, ¿cuál sería?

Que debemos prestar mucha atención a las consecuencias del odio.

Estamos normalizando discursos que deterioran la convivencia y que terminan traduciéndose en discriminación, delitos de odio e incluso formas más graves de violencia.

Creo que es fundamental tomar conciencia de la gravedad de ese proceso.

Después de escribir este libro, ¿eres más optimista o más consciente del desafío que representa la ultraderecha?

Un poco ambas cosas.

Por un lado, soy mucho más consciente de la cantidad de bulos que circulan y de lo profundamente instalados que están en algunos sectores de la sociedad. Eso me preocupa muchísimo.

Pero también me anima ver la recepción que está teniendo el libro y comprobar que existe un interés real por combatir la desinformación. Esa respuesta me da motivos para la esperanza.

Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a los lectores?

Que tenemos que actuar.

Las democracias han costado mucho esfuerzo y muchas generaciones para construirse. En un contexto como el actual, marcado por múltiples crisis, debemos avanzar hacia más derechos, más igualdad y una sociedad más plural.

Es momento de organizarnos, movilizarnos, dialogar y defender aquello que hemos construido colectivamente.

«No podemos permitir que el odio siga normalizándose. El futuro pasa por ampliar derechos, no por retroceder en ellos».

La ultraderecha contra la verdad